La rapera jerezana Mala Rodríguez ha vuelto a Barcelona para celebrar los 25 años de su emblemático álbum Lujo ibérico, y lo hace con un concierto en el Palau de la Música que promete ser un hito. En una charla sincera y sin filtros, nos cuenta cómo se siente al reencontrarse con esa joven rebelde que grabó aquellas canciones que han marcado generaciones.
“Es como si nunca me hubiera ido”, dice entre risas, “mi hijo a veces me pide que me comporte como una madre, pero no puedo evitarlo. Esa rabia sigue dentro de mí”. Sí, la misma rabia que la llevó a cuestionar el mundo cuando era adolescente. “Siempre he sido una inadaptada. Lo único que ha cambiado es que ahora también conozco el amor”, confiesa.
El poder del arte y el papel de la mujer
Aunque en sus inicios evitaba ser etiquetada como flamenca por su respeto hacia este arte, admite que fue el dolor del flamenco lo que la inspiró. “Crecí rodeada de música: desde La Paquera hasta las melodías colombianas de mi tío”, recuerda con nostalgia. Pero esos comienzos fueron duros; tuvo que luchar contra un sistema musical complicado donde ella sentía más preocupación por cómo sería recibida que por su propia voz.
Con 50 millones en la cuenta bancaria sería empoderamiento verdadero, asegura sin tapujos. “Salgo a darlo todo en cada escenario, pero eso no significa mostrarme desnuda para llamar la atención”, critica al fenómeno actual del ‘empoderamiento’. Para ella, una reina se presenta vestida y fuerte; “las vedettes son otra cosa”, sentencia.
Mala lleva viviendo en Cataluña más de 15 años y siente un profundo amor por esta tierra. Su regreso al Palau es un regalo tanto para ella como para todos los fans que han seguido su trayectoria. “No podía dejar pasar esta oportunidad; Lujo ibérico merece celebrarse aquí”, dice emocionada mientras promete que será una noche inolvidable.