El pasado viernes, el Auditorium de Palma se llenó de melodías cautivadoras gracias a la Orquesta de Cámara de Frankfurt, que bajo la batuta del director Juri Gilbo, ofreció un concierto inolvidable. La calidad musical se alzó como protagonista, especialmente cuando el violinista Vadim Tsibulevsky se adueñó del escenario interpretando una pieza juvenil del gran Mendelssohn: su famoso Concierto para violín.
Un encuentro entre talentos
A lo largo de la velada, quedó claro que la dirección firme y precisa de Gilbo supo resaltar cada matiz del programa, pero fue en la Serenata para cuerdas de Tchaikovsky donde las cuerdas brillaron con elegancia y fuerza. La armonía era tal que cada sección parecía dialogar entre sí, creando un todo cohesivo que envolvió a los presentes.
Los momentos más destacados llegaron cuando Tsibulevsky tomó el protagonismo. Sus pianísimos sublimes y un fraseo delicado hicieron vibrar al público, dejando una huella profunda en quienes tuvieron la suerte de asistir. Además, ofreció otra joya musical: la Romanza de Frantisek Xaver Thuri, una obra poco conocida pero que merece ser escuchada más allá de esa noche.
A pesar del derroche artístico sobre el escenario, había algo triste en el ambiente: apenas cien personas disfrutaron del espectáculo. Una pena enorme para un evento que merecía llenar cada rincón del auditorium y atraer a todos los melómanos de Mallorca. Esperemos que en futuras ocasiones podamos ver más apoyo por parte del público a estos artistas talentosos.

