En Líbano, más de la mitad de los niños menores de dos años están sufriendo lo que se conoce como pobreza alimentaria severa. Este es solo uno de los desgarradores datos que ha revelado UNICEF, y nos obliga a mirar hacia un país marcado por una guerra devastadora. Aquellos que deberían estar jugando y aprendiendo, han tenido que huir de sus hogares, dejando atrás su infancia y cargando con heridas tanto físicas como emocionales.
Una crisis que no cesa
Akhil Iyer, representante de UNICEF en el país, no escatima en palabras: «La guerra ha impactado terriblemente en los niños y niñas del Líbano». Y es verdad; todos estos pequeños están sufriendo una doble condena. No solo enfrentan el terror de los bombardeos, sino también una educación rota y un futuro incierto. Con la mayoría experimentando ansiedad o depresión por lo vivido, parece que esta crisis está lejos de acabar.
No podemos olvidar que en regiones como Baalbeck-Hermel o el valle de la Becá, muchos niños no han comido adecuadamente ni siquiera un día antes de las encuestas realizadas. Esto refleja una realidad escalofriante: casi el 50% de ellos se enfrenta a la desnutrición. Pero esto no termina aquí; muchas familias se ven obligadas a recortar gastos esenciales como salud o educación para poder sobrevivir.
La situación educativa también es alarmante; hay más de 500.000 niños sin escolarizar debido a años de crisis económica y conflictos recurrentes. Las escuelas han sido destruidas o utilizadas como refugios para aquellos desplazados por la violencia. A pesar del alto el fuego, muchos siguen sin asistir a clases porque simplemente no pueden permitírselo.
UNICEF hace un llamado urgente: necesitamos reunir casi 633 millones de euros para ayudar a 2,4 millones de personas afectadas por esta tragedia humanitaria. Es hora de actuar, porque cada día que pasa sin hacer nada significa más sufrimiento para nuestros niños.
Iyer concluye con una petición clara: «No podemos permitirnos esperar más». En este momento crítico para Líbano, debemos unir fuerzas y garantizar un futuro donde los derechos e intereses infantiles sean prioridad indiscutible.