El ambiente en el circuito de Tailandia estaba cargado de energía. Marc Márquez, con una sonrisa que no podía ocultar, se sentía como en casa tras dominar la primera práctica de MotoGP. Aunque su hermano Álex lo superó por un pequeño margen, él no se lo tomó a mal; al contrario, hasta le dio la enhorabuena cuando se encontraron en la sala de prensa. «Una situación idílica», afirmaba Marc con entusiasmo. Con esa actitud positiva, mira hacia adelante y ya tiene a Pecco Bagnaia en la mira.
Reflexiones sobre el rendimiento
Marc comparaba este día con su experiencia en Aragón el año pasado, aunque las sensaciones eran diferentes: «No hay tanta diferencia entre los primeros», comentaba. Desde el primer giro sintió que tenía el control. Y aunque el calor del mediodía alteró un poco el equilibrio de su moto, supo adaptarse rápidamente para conseguir ese intento a una vuelta que tanto deseaba. «Lo importante es sentirme cómodo», reiteraba.
Sin embargo, ser segundo detrás de su hermano no le dolía como podría pensarse: «Duele un noventa por ciento menos», decía riendo. Para él lo esencial es mantener un buen ritmo y asegurar una buena clasificación para evitar problemas como los del año anterior.
Con respecto a Bagnaia, también se mostraba comprensivo: «Él tenía buen ritmo pero algunas banderas amarillas le jugaron una mala pasada». Esa incertidumbre siempre está presente; cada carrera es una nueva historia y hay que estar preparado para cualquier sorpresa.
Al final del día, se quedaba con una calificación propia de 9,3: “¿Qué me falta para el diez? Ser primero”, concluía Marc con esa chispa característica que tanto le define.