En un giro que no deja a nadie indiferente, el Gobierno de Nicaragua, bajo el mando de Daniel Ortega, ha tomado la decisión contundente y definitiva de retirarse del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Esta noticia llega tras un informe escalofriante donde un grupo de expertos acusaba a Managua de haber convertido sus instituciones en una maquinaria despiadada que aplasta cualquier atisbo de disidencia.
Las palabras del Ministerio de Exteriores nicaragüense son claras: “No nos vemos siendo parte ni cómplices en atropellos contra la soberanía y la dignidad del pueblo”. En este comunicado, también se hace eco del desprecio hacia lo que ellos consideran mecanismos irrespetuosos, afirmando que estos han perdido su esencia. Y es que, según las autoridades nicaragüenses, el Consejo no ha hecho más que violar sus propias normas al aplicar un doble rasero evidente cuando se trata de Derechos Humanos.
Un juego peligroso y manipulador
El informe mencionado por los funcionarios nicaragüenses no es más que otro ladrillo en lo que ellos llaman “la politización” de los derechos humanos. Lo ven como una excusa para injerencias en asuntos internos; algo muy grave para quienes creen firmemente en su soberanía. Se plantean preguntas difíciles: ¿por qué seguir participando en un foro donde solo se busca deslegitimar su trabajo por conseguir paz y seguridad?
No podemos olvidar el contexto; desde las protestas de 2018, Nicaragua ha visto cómo sus calles se tiñen con sangre. Con más de 300 muertos y una represión implacable, las detenciones arbitrarias y expulsiones forzadas son pan cotidiano. La situación es tensa; cada día trae consigo nuevas amenazas para aquellos considerados opositores al régimen.
A medida que avanzamos, queda claro que esta retirada no solo es una declaración política. Es un acto cargado de emociones y frustraciones acumuladas, una respuesta directa a años de denuncias ignoradas y sufrimiento generalizado. Nos preguntamos: ¿qué pasará ahora? ¿Cómo responderá la comunidad internacional ante esta ruptura? A medida que las tensiones crecen, nosotros observamos con atención cómo evoluciona esta historia.