Hoy, el mundo del fútbol se viste de luto. La comunidad mallorquinista ha recibido la triste noticia del fallecimiento de Javier Dorado, un exjugador que dejó una huella imborrable en el Real Mallorca. A sus 48 años, Dorado luchó con valentía contra la leucemia durante seis largos años, una batalla que enfrentó con la misma pasión que demostró en el terreno de juego.
Nacido el 17 de febrero de 1977 en Talavera de la Reina, este lateral izquierdo se formó en las canteras del Real Madrid y pasó por equipos como Salamanca, Sporting de Gijón y Rayo Vallecano. Su llegada a Palma fue un soplo de aire fresco para los aficionados, quienes lo vieron brillar durante tres temporadas antes de su retirada en 2012.
Una lucha inspiradora
Dorado no solo fue conocido por su talento futbolístico; su historia personal es un verdadero ejemplo de resistencia. Al diagnosticarse con leucemia hace seis años, la vida le planteó retos inimaginables. Tras varias recaídas y tratamientos complicados, llegó a recibir un trasplante de médula ósea donado por su hermana, una luz de esperanza en medio de tanta adversidad.
En palabras suyas: «Cuando me detectaron la leucemia no sabía nada sobre lo que tenía por delante». Este deseo por ayudar a otros enfermos lo llevó a ofrecerse para hablar con aquellos que atravesaban situaciones similares. Javier siempre buscaba compartir confianza y despejar incertidumbres; algo admirable que refleja su carácter solidario.
A pesar del dolor y las dificultades, nunca perdió el amor por la vida ni dejó de disfrutar cada momento con sus tres hijos. Su legado va más allá del fútbol; nos deja una enseñanza sobre cómo enfrentar las adversidades con coraje y optimismo.