En un momento donde la tensión parece estar a flor de piel, el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, ha hecho una revelación que no pasa desapercibida. Mañana, en la vibrante ciudad de Estambul, diplomáticos rusos y estadounidenses se reunirán para intentar desatascar el funcionamiento de sus respectivas Embajadas. Lavrov confía en que esta cita traerá resultados visibles pronto; algo que todos esperamos.
Un encuentro cargado de expectativas
Desde Doha, donde se encuentra conversando con su homólogo qatarí, Lavrov no ha escatimado en comentarios. Ha dejado claro que durante este encuentro también abordarán esos «problemas sistemáticos» que han surgido a raíz de las acciones ilegales de la administración anterior en Estados Unidos. Es curioso pensar cómo los errores del pasado siguen afectando el presente.
Aunque la conversación busca mejorar las relaciones diplomáticas, no todo es tan sencillo. Lavrov ha sido tajante al rechazar cualquier despliegue de tropas europeas en Ucrania, describiéndolo como un «engaño». Para él, esto solo podría resultar en un rearme aún más peligroso para Kiev. Las palabras del presidente francés Macron sobre mantener la paz no parecen convencerle ni un poco.
Como si fuera una partida de ajedrez internacional, cada movimiento cuenta. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, dejó claro que por ahora no hay planes para que Putin y Trump se reúnan nuevamente. Pero eso podría cambiar rápidamente si surge la necesidad.
Así estamos: entre la esperanza de diálogos renovados y el pesimismo ante los conflictos existentes. Lo cierto es que todos deseamos ver avances reales y duraderos; ¿será este encuentro el inicio o simplemente otro capítulo más en esta larga historia?