MADRID, 25 Feb. (EUROPA PRESS) – En un giro que no sorprende a nadie, las autoridades ucranianas han lanzado una propuesta a sus aliados: gravar con impuestos especiales la energía y las materias primas rusas una vez que suene el último disparo de esta guerra. ¿Por qué? Porque el coste para reconstruir Ucrania ya supera de largo el valor de los activos rusos que tienen congelados. «Los fondos del agresor deben trabajar para Ucrania», ha declarado sin tapujos el primer ministro Denis Shmigal.
La necesidad apremiante de recursos
Este lunes, en un informe sobre los daños ocasionados en estos tres años de invasión rusa, Shmigal dejó claro que hay que confiscar completamente esos activos. Según sus palabras, «las necesidades de reconstrucción ya superan en volumen los activos congelados de Rusia». Así que Kiev está planteando esta medida como una solución viable: imponer impuestos especiales sobre esos recursos rusos tras la guerra.
A su juicio, Rusia no tendrá más remedio que asumir los costes causados por su propia agresión. Al mismo tiempo, esto podría dar a Ucrania «importantes recursos para la reconstrucción» y establecer un precedente para proteger a las futuras víctimas de cualquier ataque.
El primer ministro también compartió cifras alarmantes: durante el año pasado, ¡el número de bienes dañados o destruidos aumentó en un 93%! Se trata de pérdidas descomunales en vivienda, infraestructura crítica y sector energético. El Banco Mundial estima que se necesitarán unos 524.000 millones de dólares para llevar a cabo esta titánica tarea. Eso son 38.000 millones más respecto a informes anteriores. Esas cifras son tan grandes que dejan claro: la recuperación debe convertirse en un proyecto global.
Y es que, como bien dice Shmigal, «la reconstrucción debe realizarse ahora». De ello depende no solo la calidad de vida de millones de personas sino también las posibilidades de retorno para aquellos ucranianos que se encuentran fuera del país y crear nuevos motores económicos para avanzar hacia el futuro.