El fútbol tiene esas cosas, ¿verdad? Un partido que parecía destinado a terminar en derrota para el Mallorca acabó convirtiéndose en un respiro gracias a Valjent, quien en el minuto 91, tras un error del portero Nyland, hizo estallar de alegría a los bermellones con su gol. Ese tanto evitó lo que hubiera sido una amarga vuelta a casa desde el Sánchez Pizjuán, donde se habían dejado la piel pero no lograban concretar las ocasiones.
Un empate que sabe a victoria
Celebramos que este equipo ha sabido resistir y reaccionar cuando más lo necesitaba. Aunque empezaron por debajo en el marcador tras un gol evitable de Kike Salas justo antes del descanso, los nuestros nunca dejaron de luchar. La entrada de Robert Navarro fue clave; su energía y creatividad revitalizaron un ataque que había estado falto de ideas durante gran parte del encuentro.
A pesar de las dudas y los nervios que asaltaban al equipo, cada jugador mostró garra. Asano incluso se topó con el palo, pero la creencia era palpable: estaban decididos a llevarse algo de Andalucía. Los cambios de Arrasate llegaron justo a tiempo para evitar un golpe devastador.
Pese a haber recibido un mazazo al inicio de la segunda parte con ese primer gol local, el Mallorca logró recomponerse y estuvo más cerca del empate que del segundo tanto sevillista. Fue una montaña rusa emocional donde no faltaron las protestas por decisiones arbitrales ni esos momentos tensos que nos mantienen pegados al asiento.
A medida que avanzaba el partido, las oportunidades empezaron a llegar con más frecuencia para los isleños. Finalmente, todo culminó en ese instante mágico cuando Valjent selló la justicia sobre el terreno de juego, llevando a casa un puntazo valioso. Con esto, seguimos soñando con Europa; porque sí, después de tantas dificultades parece que hay luz al final del túnel.