En una conversación que se siente casi como un susurro entre amigos, Clotilde Leguil plantea una pregunta que resuena en el aire: “¿Por qué todo es tóxico?”. Es un tema que no solo provoca curiosidad, sino también inquietud. Cada vez más, parece que la vida cotidiana está impregnada de elementos nocivos, y no hablo solo de lo físico. La toxicidad puede manifestarse en nuestras relaciones, en las palabras que elegimos y en la manera en que nos conectamos con nuestro entorno.
Un viaje a través de la realidad social
Con un tono directo y apasionado, la conversación fluye hacia los aspectos más relevantes de nuestra sociedad actual. Desde las dinámicas familiares hasta el monocultivo turístico que amenaza nuestras costumbres locales, cada palabra se siente como un grito sincero por un cambio. Clotilde comparte anécdotas y reflexiones profundas sobre cómo hemos llegado a este punto; historias de personas disidentes que luchan por ser escuchadas en su lengua materna, por ejemplo.
No podemos ignorar el fuego que arde bajo la superficie. Así como el peligro de incendios acecha a lugares como Andratx o Pollença debido al exceso de vegetación, hay un fuego social latente alimentado por frustraciones acumuladas. Su mensaje es claro: debemos reconocer lo tóxico para poder enfrentarlo y buscar soluciones juntos.