La jornada del sábado en Palma estuvo marcada por la agitación y la expectación. Las tareas de demolición de los puentes del Passeig Marítim, que muchos veían como una traba, se llevaron a cabo a una velocidad asombrosa. La Autoritat Portuària de Baleares, viendo cómo todo marchaba sobre ruedas, decidió alargar las labores de limpieza durante toda la noche para garantizar que el tráfico pudiera reanudarse este domingo con total normalidad.
Un espectáculo inesperado
A primera hora del día, ya se podía escuchar el estruendo de las máquinas en acción. El puente de Paraires cayó como si no hubiera mañana, y antes de lo que muchos esperaban, también empezaron a desmantelar la pasarela del antiguo hotel Mediterráneo. Fue un momento histórico para Palma; dos símbolos de su paisaje urbano se convertían en polvo ante la atenta mirada de los curiosos que no querían perderse esta transformación.
Aunque todo parecía fluir como la brisa marina, no nos engañemos: estas obras han sido un reto monumental. Con alrededor de veinte operarios trabajando codo a codo y máquinas atacando desde ambos lados, lograron desmantelar el puente de Paraires sin causar daños colaterales a la reforma del paseo. En cambio, el puente adyacente al hotel Mediterráneo requirió más sutileza; cortaron estratégicamente parte de su estructura mientras dejaban intacto lo que está protegido.
Con los grandes trozos fuera del camino, fue el momento para que operarios y técnicos se pusieran manos a la obra limpiando escombros y dejando todo listo para su reapertura. Y así fue como desde APB decidieron mantener el ritmo hasta asegurar que este mismo domingo podríamos volver a disfrutar plenamente del Passeig Marítim.