En un giro sorprendente de los acontecimientos, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha decidido tomar cartas en el asunto. El pasado viernes, firmó un memorando que abre la puerta a aranceles recíprocos y otras medidas contra aquellos gobiernos que consideren injusto su trato hacia las empresas digitales estadounidenses. En sus propias palabras, cuando un país extranjero imponga multas o sanciones desproporcionadas, su administración no dudará en responder con aranceles y lo que sea necesario para proteger los intereses de Estados Unidos.
Un enfoque directo y desafiante
El magnate neoyorquino no se anda con rodeos. Ha denunciado abiertamente las regulaciones que han surgido desde 2019 por parte de varios socios comerciales. Según él, estas son un intento descarado de sacar provecho de las empresas estadounidenses. Esto es más que una simple queja; es una afirmación directa de cómo ve el panorama global: “Estas acciones violan nuestra soberanía”, dice Trump. No solo eso, también critica cómo estas políticas están afectando a los empleos en su país y limitando la competitividad global.
Y como si esto no fuera suficiente, el presidente también ha tomado medidas para limitar el acceso extranjero a sectores estratégicos en EE.UU., apuntando específicamente a naciones como China, Cuba e Irán. Sin embargo, ¿qué implica todo esto realmente? La falta de detalles sobre sus decisiones futuras deja muchas preguntas abiertas.
A pesar de este tono desafiante hacia sus “adversarios extranjeros”, Trump también busca incentivar la inversión entre sus aliados comerciales mediante procesos más rápidos para proyectos importantes. En medio del fuego cruzado comercial con China —donde ya se han impuesto aranceles— parece claro que esta guerra está lejos de terminar.