En las Islas Baleares, un asunto que debería ser motivo de reflexión ha tomado un giro inquietante. Hablamos del inmenso negocio que la Iglesia ha montado a partir de esos conventos que alguna vez fueron donados por el pueblo, como símbolo de fe y comunidad. Pero hoy, ¿qué queda de ese espíritu? La realidad nos muestra una imagen muy diferente.
Un patrimonio transformado en beneficio
Es triste ver cómo esos lugares sagrados, llenos de historia y tradición, están siendo utilizados como meras herramientas financieras. La Iglesia ha encontrado en ellos una forma de hacer caja que tira por la borda el verdadero propósito que les dio vida. En lugar de servir a la comunidad, se dedican a generar beneficios económicos que parecen olvidarse del bien común.
La pregunta es clara: ¿hasta cuándo vamos a permitir que esto continúe? Nos encontramos ante un monocultivo turístico, donde lo sagrado se convierte en mercancía y el respeto por nuestras raíces se diluye entre números y balances. Es momento de tomar conciencia y cuestionar este sistema que favorece más al bolsillo eclesiástico que a nuestra sociedad.