En una jornada marcada por el eco de las tensiones internacionales, Vladimir Putin ha salido al paso este viernes con un mensaje sorprendente: las sanciones impuestas a Rusia tras la invasión de Ucrania, que ya parece un capítulo eterno, han resultado ser un motor para la economía y el desarrollo científico del país. Durante su intervención en el Foro de las Tecnologías del Futuro en Moscú, no dudó en afirmar que «los problemas externos y los retos que traen consigo han actuado como un estímulo».
Un discurso entre lo audaz y lo controvertido
Parece que Putin quiere convencernos de que las dificultades son oportunidades disfrazadas. «Las empresas rusas están cada vez más en contacto con nuestros científicos», aseguró, como si eso fuera suficiente para borrar las huellas del sufrimiento económico. Y mientras muchos miran con escepticismo, él se muestra optimista: “Las soluciones nacionales son más eficaces que las extranjeras”, proclamó con aplomo.
Aún más intrigante fue su llamado a la comunidad científica internacional para unir fuerzas: “Nuestras puertas están abiertas”, dijo, casi invitando a aquellos países que le imponen sanciones a pasar por su casa y tomar un café. Sin embargo, no todo quedó ahí; también aprovechó para hablar sobre el misil Oreshnik, fabricado recientemente por Moscú y ya probado en territorio ucraniano. Un avance tecnológico del que se siente especialmente orgulloso.
Así va la narrativa de Putin: entre avances tecnológicos y una retórica desafiante, propone incluso ventajas fiscales a productores locales si alguna marca extranjera decide volver al mercado ruso. ¿Es realmente un plan brillante o simplemente palabras vacías? En medio de esta maraña de declaraciones y promesas queda claro algo: los tiempos difíciles pueden inspirar discursos grandilocuentes pero poco concretos.