El pasado domingo, el ambiente futbolero en Cáceres se tornó tenso cuando la Policía Nacional puso freno a un grupo de ultras del FC Talavera que, sin entrada y con intenciones poco claras, llegaron a la Plaza Mayor. Estos 24 individuos, entre los que había 23 hombres y una mujer de entre 17 y 30 años, no solo estaban allí para animar a su equipo; estaban armados hasta los dientes.
La intervención policial
Gracias a un dispositivo preventivo bien organizado, los agentes lograron evitar lo que podría haber sido un violento enfrentamiento con los seguidores del CP Cacereño. Mientras este grupo comenzaba a alterar la paz en la plaza, la Policía actuó rápidamente. Al inspeccionar sus vehículos, se encontraron con un arsenal: 23 palos, dos navajas, bengalas y hasta un bate de béisbol. ¿Qué les pasaba por la cabeza? La afición debería ser pasión y disfrute, no violencia ni amenazas.
Este episodio pone de manifiesto lo delicado que puede ser el mundo del fútbol cuando hay personas dispuestas a tirar todo por la borda en nombre de su equipo. Es vital recordar que el deporte une y no debe convertirse en un campo de batalla. La comunidad debe mantenerse alerta ante estos comportamientos extremos que nada tienen que ver con el verdadero espíritu del juego.