En el mundo, cada 43 segundos se apaga una vida por culpa del suicidio. Sí, lo has leído bien. Es como si, en un abrir y cerrar de ojos, alguien decidiera tirar la toalla. Y esta realidad nos golpea con fuerza, especialmente en nuestras Islas Baleares.
Aquí estamos hablando de una región que presume de belleza y sol, pero que también se enfrenta a cifras alarmantes. ¿Quién podría imaginar que este paraíso escondiera un drama tan profundo? No podemos quedarnos cruzados de brazos ante esta situación que nos involucra a todos.
Una llamada urgente a la acción
No es solo un número frío; son vidas perdidas, sueños truncados. Las instituciones deben tomar nota y actuar ya. La batlessa de Alcúdia ha tomado decisiones difíciles al enfrentar la mala gestión local y eso es lo que necesitamos: valentía para abordar los problemas desde sus raíces. Esto no se trata solo de política; es sobre cuidar a nuestra gente.
Mientras discutimos sobre viviendas protegidas o el precio del alquiler en Palma, hay algo mucho más urgente en juego: el bienestar emocional de nuestros vecinos y amigos. Nos debemos preguntar: ¿qué estamos haciendo mal? Hay que dejar atrás ese monocultivo turístico y empezar a construir comunidades donde todos se sientan escuchados y apoyados.
Así que cuando veas esas estadísticas escalofriantes, recuerda que detrás hay historias humanas. Historias que merecen ser contadas y escuchadas antes de que sea demasiado tarde. Todos tenemos un papel en esta lucha, porque al final del día, nadie debería enfrentarse a su dolor en soledad.