La música mexicana acaba de perder a una de sus voces más icónicas y contundentes: Paquita la del Barrio. Con su estilo inconfundible, esta artista nacida como Francisca Viveros Barradas en Veracruz dejó una huella imborrable en la cultura popular. Sus letras, llenas de rabia y desamor, eran como dardos directos a los hombres que, según ella, merecían un buen tirón de orejas.
Un legado lleno de coraje y verdad
Con frases memorables como “rata inmunda” o “escoria de la vida”, Paquita nos hizo reflexionar sobre las dinámicas de género con un toque irreverente y provocador. Ella misma afirmaba que no buscaba ofender, sino hacer pensar. ¡Vaya forma de hacerlo! Su voz resonó en cada rincón donde se escuchara su música. Y es que Paquita no solo cantaba; contaba historias vividas, desde su primer matrimonio con un hombre casado hasta el auge en su carrera musical.
A lo largo de los años 70 y 80, sus actuaciones en el restaurante Casa Paquita fueron clave para forjar su nombre. Con el tiempo, álbumes como Desquítate conmigo (1992) le dieron fama internacional e incluso cruzó fronteras hasta España. Su estilo único combinaba autoridad y dulzura, convirtiéndola en un símbolo indiscutible del feminismo.
No fue compositora en sentido estricto, pero supo dar alma a canciones que hablaban directamente al corazón de muchas mujeres. Así nació ese mantra del empoderamiento femenino: “Arrástrate”, “Cheque en blanco” o “Tres veces te engañé”. En 2017 su historia cobró vida nuevamente a través de una serie en Netflix, recordándonos cuán relevante sigue siendo su legado hoy en día.