En el bullicioso corazón de Avenidas, un cartel de ‘Liquidación Total’ cuelga con tristeza en la fachada de Eléctrica Española. Este emblemático comercio, que ha sido un faro de luz durante 76 años en Palma, se prepara para cerrar sus puertas a mediados de marzo. Fundado por Tolo y Matías Alberti, este negocio familiar no solo vendía bombillas y lámparas; era parte esencial de la vida palmesana. Recuerdo cómo los recién casados siempre hacían una parada obligatoria aquí para llenar su hogar de luz y alegría.
Un legado familiar que se apaga
Fernando Alberti, quien lleva el peso del negocio tras varias generaciones, expresa un profundo sentimiento agridulce: “Hemos luchado contra viento y marea. Abrimos nuestra primera tienda en la calle Costa i Llobera y luego nos mudamos a Avenidas en los años 70. Hoy me doy cuenta de que somos uno de los últimos grandes comercios familiares que quedan aquí”. Y es que las cosas han cambiado drásticamente. La llegada de Internet y el empobrecimiento del poder adquisitivo ha hecho mella en el pequeño comercio local.
Alberti lamenta que “no había más opciones”, reflejando una realidad dura pero cierta. Se siente impotente al ver cómo las grandes superficies absorben todo y cómo el tejido empresarial local se desmorona. “La clase media ya casi no existe”, añade, con preocupación palpable en su voz. ¿Y quién puede culparlo? Es frustrante pensar que los beneficios generados por estas grandes cadenas simplemente se van a otras partes del mundo sin dejar rastro en nuestra querida Mallorca.
A medida que recordamos la historia de Eléctrica Española, también revivimos momentos inolvidables como cuando los Alberti instalaron los primeros semáforos o iluminaron las fuentes emblemáticas de la ciudad. Fernando narra con orgullo cómo su abuelo viajaba a Londres para traer lo último en tecnología eléctrica; eran pioneros en cada paso que daban.
Sin embargo, hoy son víctimas del cambio: “Nos llegan clientes con productos defectuosos comprados en grandes superficies o Amazon, esperando encontrar soluciones aquí”. Lo excepcional ahora parece ser lo común y eso duele profundamente.
A pesar del cierre inminente, Fernando tiene planes; se trasladarán a su tienda Trilamp, donde seguirán ofreciendo su experiencia y dedicación al mundo de la iluminación. Pero hay algo irremediablemente nostálgico en despedirnos así: una era llega a su fin y con ella un trozo importante de la historia palmesana.