La situación en el Athletic es un reflejo de la pasión que rodea al club. Mientras el equipo brilla en el campo, ocupando una prometedora cuarta posición en La Liga y avanzando en Europa League con una única derrota, hay un aire de tensión en la grada popular. El presidente Jon Uriarte no ha dudado en alzar la voz durante su reciente rueda de prensa celebrada en San Mamés, donde estuvo acompañado por Jon Berasategi y Johana Ruiz Olabuenaga.
Un llamado a la unidad
Uriarte ha sido claro y directo: la Herri Harmaila debe ser un lugar de animación constante y sin fisuras. La grada se formó para apoyar al equipo, y cualquier tipo de desánimo o protesta individual no tiene cabida si realmente queremos lo mejor para nuestro Athletic. «No se hace daño a lo que uno más quiere», enfatizó, recordando que anteponer lo personal sobre lo colectivo es un error que puede costar caro.
Las diferencias con Iñigo Cabacas Herri Harmaila son palpables, especialmente tras su decisión de reducir la animación como forma de protesta. Uriarte espera sentarse a dialogar con ellos pronto, pero deja claro que el respeto es fundamental. Si no hay respeto, advirtió, eso podría perjudicar tanto la imagen del club como sus finanzas.
El presidente dejó caer una frase contundente: «No aceptaremos coacciones; siempre pondremos los intereses del Athletic por encima de cualquier interés particular». Es evidente que hay temas delicados sobre la mesa, como las relaciones con la Ertzaintza, pero el club se niega a actuar como mediador si las partes no están dispuestas a colaborar.
Por último, Johana García presentó resultados reveladores sobre encuestas entre los socios: más del 60% afirma que no ve a la Grada Popular como un lugar para reivindicaciones políticas. En este clima de incertidumbre e indignación compartida, queda claro que el mensaje del Athletic es fuerte: juntos hacia adelante o nada.