Era una mañana del 31 de enero, como cualquier otra, cuando un joven de 20 años, en pleno proceso judicial por un caso de violencia de género, decidió dar un giro inesperado a su historia. En los calabozos del juzgado de Instrucción número 2 de Manacor, este chico rompió las esposas que le habían colocado y se lanzó en una feroz agresión contra tres agentes de la Policía Nacional.
Aceptando su culpabilidad ante el tribunal, el joven no solo se enfrentó a cuatro meses tras las rejas, sino que también deberá pagar multas que suman 480 euros. Pero lo más impactante fue la forma en que se rebeló: con una actitud desafiante y palabras altisonantes. Cuando uno de los policías le pidió que no rompiera las nuevas esposas, él respondió desafiándolo con amenazas directas: «Si tienes huevos me los pones de nuevo que te los reviento».
El desenlace violento
Y así comenzó la tormenta. Empujones, puñetazos y codazos fueron solo el principio; el caos se desató rápidamente en el estrecho calabozo. El joven lanzó al agente contra la pared mientras dos compañeros intentaban controlar la situación. La escena era digna de una película de acción, pero aquí nadie estaba disfrutando del espectáculo.
No contento con eso, también agredió a otro policía y un guardia civil que se interpuso para intentar detenerlo. Al final del día, el resultado fue claro: además del tiempo en prisión y las multas económicas, tendrá que indemnizar a cada uno de los agentes con 700 euros por sus lesiones y daños personales. Además, pagará otros 235 euros por daños a propiedades estatales: las esposas rotas y la funda dañada del arma del guardia civil.
El abogado Guillem Cladera defendió al joven durante este surrealista episodio legal donde quedó claro que no todo es lo que parece tras unas rejas. La pregunta queda flotando en el aire: ¿qué lleva a alguien a romper todas las normas justo cuando está buscando salir adelante?