MADRID, 9 Feb. (EUROPA PRESS) – Este domingo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sacudido el panorama económico global con un anuncio que no deja indiferente a nadie. A partir de este lunes, impondrá un fuerte arancel del 25% sobre el acero y el aluminio que lleguen al país. Y cuando digo fuerte, me refiero a que esto va a afectar a todos los países sin excepción.
En sus propias palabras: “Cualquier acero que venga a Estados Unidos va a tener que llevar ese 25% de arancel. También el aluminio. Así de claro”, sentenció Trump desde la comodidad del ‘Air Force One’, mientras los periodistas le lanzaban preguntas como si fuera una rueda de prensa en un partido de fútbol.
Las repercusiones se sienten ya
Pero aquí no acaba la cosa. Trump también dejó entrever que podría aumentar aún más estos aranceles en respuesta a las represalias que otros países podrían tomar. “Es muy sencillo: si nos cobran, les cobramos”, aseguró con esa confianza característica que le define. Y es que estos nuevos impuestos se aplicarán casi al instante y su impacto promete ser global.
Aún hay más sorpresas en el horizonte: la posibilidad de gravar importaciones de chips semiconductores, productos farmacéuticos e incluso petróleo y gas está sobre la mesa. Esta semana ya avisó sobre aranceles recíprocos para los próximos días, creando un ambiente tenso entre naciones. Recordemos también que hace poco anunció un 10% para productos chinos y 25% para Canadá y México, aunque decidió pausar esos últimos tras acordar medidas en la frontera.
No podemos ignorar cómo estas decisiones afectan no solo al comercio internacional sino también a nuestras economías locales; las repercusiones serán palpables y seguramente generarán muchas reacciones entre ciudadanos y gobiernos por igual.