El pasado domingo fue un día que quedará grabado en la memoria de Estonia, Letonia y Lituania. Con una mezcla de alivio y esperanza, estos países se desconectaron oficialmente del sistema eléctrico ruso BRELL para unirse a la red eléctrica europea. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no pudo contener su entusiasmo al declarar que este acto representa una auténtica liberación frente a las amenazas y el chantaje energético que ha ejercido Moscú sobre ellos.
Un día para recordar
Desde Vilna, Von der Leyen proclamó: «Hoy conectamos los países bálticos a la red eléctrica de Europa continental. Estamos cortando los últimos vínculos con Rusia. Esto es un hito histórico». Y no le falta razón; después de 24 horas operando en aislamiento energético, estos tres países se integran por fin en lo que se conoce como la red síncrona de Europa Continental, con el firme propósito de protegerse ante cualquier maniobra rusa en el suministro eléctrico.
No solo Von der Leyen celebró este acontecimiento. El primer ministro lituano, Gitanas Nauseda, y su homólogo estonio, Kristen Michal, coincidieron en calificarlo como un paso vital para fortalecer su seguridad energética y reducir aún más su dependencia de Rusia. «Este logro es fruto de años de dedicación», señaló Evika Silina, primera ministra letona, destacando el esfuerzo conjunto detrás de esta conexión.
A nivel europeo, Alemania también mostró su apoyo a esta decisión estratégica. La ministra de Exteriores alemana subrayó que este avance es una clara señal de cooperación entre los países del mar Báltico y refuerza la protección de infraestructuras críticas dentro de la UE.
Pese al entusiasmo generalizado, Moscú no tardó en reaccionar. El Kremlin lamentó esta desconexión y aseguró que aumentará los precios eléctricos en la región y afectará negativamente a las economías locales. Afirmaron que son los hogares europeos quienes pagarán las consecuencias económicas por estas decisiones políticas.