La noche del pasado viernes, un ataque brutal sacudió el este de Malí, donde la violencia parece no tener fin. El Ejército maliense ha confirmado que al menos 25 civiles perdieron la vida y otros 13 resultaron heridos cuando un convoy, que transportaba a trabajadores de una mina de oro en la región de Gao, fue emboscado por hombres armados. El suceso se produjo alrededor de las 20.30 horas, cuando los atacantes iniciaron un enfrentamiento con la escolta militar que protegía la caravana.
Un escenario desolador
Según informaciones que han llegado a Radio France Internationale, mercenarios del grupo ruso Wagner estaban involucrados en esta misión de protección, apoyando a la junta militar que actualmente controla el país. La caravana estaba compuesta por 22 minibuses, seis autobuses grandes y ocho camiones, todos acompañados por una decena de vehículos militares. En el contraataque posterior por parte de las fuerzas malienses, se reportó la muerte de 19 asaltantes, aunque esto no minimiza la gravedad del ataque.
A medida que nos adentramos en esta historia desgarradora, hay que recordar que el trayecto hacia Ansongo es conocido por ser un auténtico campo de batalla. Grupos yihadistas como el Estado Islámico en el Gran Sahara acechan regularmente a los viajeros; sin embargo, hasta ahora nadie ha reclamado responsabilidad por este ataque devastador. Pero eso no es todo; también se confirmaron muertes adicionales durante una patrulla militar en zonas cercanas como Djébok e Ihyran.
En medio del horror y el luto colectivo, queda claro que esta situación necesita urgentemente nuestra atención y acción para evitar más tragedias como esta.