Las calles de Palma se han convertido en un auténtico laberinto a raíz de la manifestación protagonizada por más de 200 autocaravanas. La escena, digna de una película, con vehículos grandes y coloridos desfilando por el corazón de la ciudad, ha sido vigilada de cerca por la Policía Local y Nacional. Todo esto sucede mientras los accesos a Palma quedan totalmente colapsados. ¡Menuda locura!
La marcha lenta que frenó la ciudad
La protesta comenzó en el Brico Depot del polígono de Levante y rápidamente tomó las avenidas principales como si fueran suyas. Las organizaciones detrás de esta ‘marcha lenta’, como la Asociación de Caravaning Oasis (A.C.O.) y la Plataforma Autocaravanas Autónoma (P.A.C.A.), ya habían avisado sobre las calles afectadas, pero eso no impidió que los atascos fueran una constante a lo largo del recorrido.
Los conductores atrapados no podían hacer nada más que esperar o intentar buscar rutas alternativas mientras observaban cómo las autocaravanas, dirigidas por indicaciones policiales para facilitar el tráfico, pasaban ante sus ojos. Sin embargo, este despliegue no evitó que muchos se vieran obligados a salir corriendo en busca del camino menos congestionado.
Baltasar, uno de los manifestantes, compartía su descontento: «Nos miran como si fuésemos delincuentes». Este comentario refleja el sentir general entre los participantes, quienes defienden su derecho a disfrutar del ocio sin ser criminalizados por ello. Javier Fuster, presidente de A.C.O., también dejó claro su malestar hacia el alcalde: «La ordenanza cívica es arbitraria y vulnera nuestros derechos», decía con firmeza.
A medida que avanzaba la manifestación, otros usuarios como José Antonio de los Ríos se unieron al grito común contra esta normativa que les prohíbe estacionar en lugares públicos. «Acampar es diferente a pernoctar; nosotros simplemente queremos un lugar donde quedarnos», afirmó con pasión.
En resumen, hoy Palma ha visto cómo sus calles se llenaban con un reclamo claro: es hora de repensar las políticas sobre el caravanismo. Un grupo tan diverso y lleno de vida no puede ser ignorado ni tratado como parias en su propia ciudad.