Este sábado, el presidente de Líbano, Joseph Aoun, y el primer ministro electo, Nawaf Salam, han dado un paso que muchos consideraban casi un sueño: la firma del decreto de formación de un nuevo Gobierno. Después de tres semanas repletas de negociaciones y tensiones, esta noticia no solo trae consigo una nueva administración, sino también una pizca de esperanza en medio de años de crisis política.
Un pacto entre la política y la esperanza
La situación en Líbano ha sido todo menos fácil. El país vive bajo las sombras del conflicto con Israel y las promesas incumplidas sobre su retirada. Con este nuevo gabinete de 24 ministros –un cambio notable al incluir a cinco mujeres, frente a solo una en el anterior gobierno– Salam busca establecer lo que él mismo ha denominado “el Estado de Derecho”, donde la reforma y la estabilidad sean los pilares fundamentales.
Aunque es cierto que ningún Gobierno puede satisfacer a todos los sectores, Salam ha manifestado su intención clara: “este equipo trabajará en armonía”. No obstante, ya se anticipan tensiones. La negativa del presidente del Parlamento libanés a aceptar ciertos nombramientos muestra que aún queda camino por recorrer antes de alcanzar esa soñada unidad.
A medida que el nuevo Gobierno toma forma, tiene ante sí la crucial misión de conseguir la retirada definitiva israelí tras el violento conflicto con Hezbolá. Las palabras firmes de Salam resuenan como un eco esperanzador: “La reforma es la única vía para un cambio real”. Mientras tanto, desde Naciones Unidas celebran esta nueva etapa como una oportunidad para avanzar hacia reformas significativas y restaurar la seguridad en esta región tan golpeada.