El nuevo álbum de The Weeknd, titulado ‘Hurry up tomorrow’, nos lleva a un viaje emocional que cierra una trilogía cargada de contrastes. Abel Makkonen Tesfaye, el hombre detrás del personaje, parece estar en una lucha constante con los monstruos que ha creado a lo largo de su carrera. La fama le pesa y, a la vez, le consume. Este disco de 84 minutos es como un laberinto sonoro donde encontramos tanto destellos de genialidad como tropiezos evidentes.
Un viaje sonoro lleno de matices
Desde el primer tema, ‘Wake me up’, nos atrapa con su ritmo funky y referencias claras a Michael Jackson. Pero no solo eso; The Weeknd se sumerge en sonidos variados y arriesgados. En canciones como ‘Sao Paulo’, se atreve a mezclar batucada y techno-funk, incorporando la energía vibrante de la rapera Anitta. Sin embargo, no todo es brillante; hay momentos donde se siente que busca más ser grande que realmente innovar.
A medida que avanzamos en el disco, las transiciones entre canciones son fluidas pero también revelan cierto exceso por parte del artista. En temas como ‘Big sleep’ junto a Giorgio Moroder o la balada intensa ‘Timeless’ con Playboi Carti, podemos vislumbrar esa dualidad entre lo magistral y lo pretencioso. La pregunta queda flotando: ¿realmente está cerrando el ciclo o simplemente busca otro camino para seguir brillando?
Al final del día, este álbum no deja indiferente; plantea preguntas sobre la identidad y el precio del éxito en un mundo que consume artistas sin piedad. Por momentos parece que The Weeknd anhela liberarse de las cadenas de su propio mito mientras se lamenta por ser víctima de la multitud que clama su nombre. Quizás sea hora ya de dejar atrás este capítulo y encontrar la felicidad más allá del escenario.