El impacto ambiental del tráfico marítimo en la Unión Europea (UE) ha mostrado avances significativos, aunque persisten serios desafíos, según el último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) y la Agencia Europea de Seguridad Marítima (EMSA). En esta reciente evaluación, se destaca que las emisiones de óxido de azufre (SOx) han disminuido un 70% en la última década, en gran parte gracias a la implementación de zonas de control de emisiones llamadas SECA, particularmente en el norte de Europa.
Contaminación marina y nuevas preocupaciones
A pesar de estos avances, el hecho de que la mayor parte del azufre termine en el mar, debido al proceso de limpieza de los filtros de las embarcaciones, plantea serias preocupaciones sobre la contaminación marina. Según el informe, la normativa actual permite que los residuos derivados de la limpieza de estos filtros se descarguen en el agua, lo que representa una nueva fuente de contaminación.
Además, entre 2015 y 2023, las emisiones de óxido de nitrógeno (NOx) han mostrado un aumento del 10% en toda la UE, a pesar de la designación de ciertas áreas, como el Mar del Norte y el Báltico, como zonas de control de NOx, que solo se aplican a los nuevos buques.
En cuanto a las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2, estas han aumentado entre dos y cinco veces en las áreas marítimas de la UE entre 2018 y 2023. Este incremento se relaciona con el crecimiento de buques propulsados por gas natural licuado (LNG), que son más contaminantes en términos de metano comparados con los barcos que utilizan combustibles tradicionales.
Por otro lado, el transporte marítimo representa aproximadamente el 14,2% de las emisiones de CO2 del sector en la UE, alcanzando 137.5 millones de toneladas en 2022, lo que implica un aumento del 8,5% respecto al año anterior. Sin embargo, este volumen aún se mantiene por debajo de los niveles previos a la pandemia.
Por último, el informe también menciona el problema del ruido submarino, el cual afecta a la biodiversidad marina, especialmente a los cetáceos que dependen del sonido para comunicarse y orientarse. Organizaciones como OceanCare abogan por medidas como la reducción de la velocidad de los buques para mitigar este impacto hasta en un 70% para el año 2050.