La tarde del domingo se vivió una auténtica montaña rusa de emociones en el estadio Alfonso Murube. El AD Ceuta FC, sumido en una crisis deportiva tras la dolorosa derrota ante el Sporting, necesitaba un cambio radical y lo encontró en una reunión de urgencia que dejó huella. Luhay Hamido, presidente del club, ofreció su dimisión, pero la directiva, unida como nunca, se la negó al instante. La situación era crítica: el equipo ocupaba la última posición y solo había cosechado 5 puntos de 36 posibles.
Un cara a cara decisivo
En esta crucial junta, donde estaban presentes desde la dirección deportiva hasta el cuerpo técnico y toda la plantilla, Luhay no se anduvo con rodeos. Con voz firme, lanzó una advertencia directa: cualquier jugador que no sintiera fuerza o compromiso para cambiar el rumbo podía marcharse inmediatamente llevándose el 100% de su contrato. Sorprendentemente, nadie dio un paso al frente; todos decidieron quedarse y luchar por revertir esta difícil situación.
A partir de ese momento, las puertas del despacho se cerraron con llave y comenzó un diálogo sincero. El presidente miró a los ojos a sus jugadores y les preguntó si realmente creían en dar vuelta a esta dinámica negativa. Fue entonces cuando todos reafirmaron su compromiso; esa unión entre cuerpo técnico y jugadores fue palpable.
Ahora toca demostrar que esas palabras se traducen en esfuerzo sobre el campo. Con un noviembre lleno de desafíos por delante, los aficionados esperan ver una reacción contundente que les devuelva la esperanza. En este punto crítico para el Ceuta, es hora de dejar atrás las excusas y asumir la responsabilidad de luchar juntos por un futuro mejor.

