La situación en las Islas Baleares es cada vez más crítica. En medio de una sequía que se asemeja a la del desierto de Marruecos, el Govern ha estado investigando las granjas de gallinas denunciadas, pero sorprendentemente no han encontrado «ninguna incidencia». ¿De verdad podemos seguir ignorando lo que ocurre en nuestro territorio?
Un grito por la naturaleza
Miquel Ramis, un ferviente defensor del medio ambiente, dice algo que todos deberíamos tener presente: «Sembrar árboles es or pur; crea sombra y regula la temperatura». Su mensaje resuena en un momento donde el cambio climático amenaza con hacer desaparecer lugares icónicos como Cala Estància antes de 2050. Pero eso no es todo; se estima que podríamos perder hasta un 17% de nuestro PIB per cápita si no tomamos cartas en el asunto.
Por otro lado, el proyecto de macrogranja en Manacor sigue generando controversia y los informes ponen al descubierto los riesgos que conlleva. Con todo esto sobre la mesa, nos preguntamos: ¿qué estamos dispuestos a hacer para proteger nuestra tierra? No podemos permitir que nuestras decisiones sigan siendo guiadas por intereses económicos cortoplacistas que solo buscan tirar a la basura nuestros recursos naturales. Es hora de actuar y recordar que nuestra salud ambiental está intrínsecamente ligada a nuestro bienestar social y económico.

