MADRID, 27 Oct. (EUROPA PRESS) – En un escenario que ya es bien conocido por todos nosotros, la agencia nuclear de Naciones Unidas se ha visto obligada a confirmar que no hay señales de que Irán haya comenzado a reparar las instalaciones devastadas por los ataques de Estados Unidos e Israel en 2025 y febrero de este año. Rafael Mariano Grossi, el director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), compareció ante el Consejo de Seguridad y, con una claridad inquietante, explicó: «Desde junio de 2025, no hemos detectado ninguna actividad de reparación o reconstrucción».
Un panorama desolador
Pero eso no es todo. Grossi ha lamentado amargamente que sus inspectores se encuentran en una situación bastante precaria; actualmente solo tienen acceso a la planta nuclear de Bushehr. Allí han trabajado codo a codo con especialistas iraníes para asegurar la entrega del equipo necesario para verificar el combustible gastado. Sin embargo, respecto a otras instalaciones clave como Fordow o Natanz, simplemente no hay cooperación.
La situación es aún más alarmante cuando consideramos que el OIEA no ha podido comprobar el estado del material nuclear en manos iraníes. Hasta ahora, se conocen 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, pero sin acceso directo resulta imposible saber si ha habido desviaciones o irregularidades en su manejo. «Nada sustituye el acceso a las instalaciones para verificar la situación real», subrayó Grossi.
A pesar de las afirmaciones categóricas del Gobierno estadounidense sobre la destrucción total de estas instalaciones nucleares, lo cierto es que hasta ahora no han presentado pruebas sólidas que respalden tales declaraciones. La comunidad internacional observa expectante mientras Grossi hace un llamado a Teherán: «Animo a Irán a considerar medidas técnicas y graduales» para facilitar el regreso de los inspectores al país.

