En Palma, la tensión se siente en el aire. Los comerciantes están preocupados y no es para menos. La protesta organizada por Blocus ha dejado a muchos preguntándose qué hacer: «Tancau abans i demanau a l’assegurança si us cobreix«, advierten algunos, como si ya estuvieran resignados a perder lo que han construido con tanto esfuerzo.
Una situación insostenible
La realidad es dura y complicada. La sanidad privada ya ocupa un 9,3% del presupuesto sanitario en las Baleares, y aquí estamos, lidiando con un sistema que parece más enfocado en beneficiar a unos pocos que en cuidar de todos nosotros. No solo eso; las ayudas a los ayuntamientos han aumentado casi un 70% para gestionar colonias de gatos, mientras que otros problemas urgentes siguen sin solución. ¿Qué pasa con nuestras necesidades reales?
El otro día escuché a una madre hablando sobre cómo su hijo se está enfrentando al desamparo educativo: «Es como si compraras un coche y te dieran una bicicleta«, decía. Y tiene razón. La situación educativa no mejora; incluso ha llegado al extremo de quitar hasta 1.210 euros anuales a docentes que tienen permisos legales.
No podemos ignorar tampoco el impacto del cambio climático, ya que la sequía nos ha dejado paisajes más propios del Marroc que de nuestras queridas Islas Baleares. Todo esto se suma a una hipocresía insuportable: criticar la ampliación de aeropuertos mientras seguimos tirando por la borda nuestros recursos naturales.
A medida que avanzamos hacia un futuro incierto, es fundamental unir fuerzas y exigir cambios reales para nuestra comunidad. Porque al final del día, somos nosotros quienes vivimos aquí y merecemos algo mejor.

