La madrugada del pasado domingo, algo oscuro ocurrió en el parque cercano al Paseo Marítimo de Palma. Un hombre, con un trozo de botella rota en la mano, decidió que era buen momento para hacer de las suyas. Con la frialdad que da la desesperación, se acercó a una tienda de campaña donde un varón dormía tranquilo, sin sospechar lo que le esperaba.
El escenario fue desolador. El agresor comenzó a destrozar la tienda mientras el pobre hombre intentaba defenderse. Todo sucedió tan rápido; el cristal cortante no solo rasgó la tela del refugio temporal, sino que también dejó una herida sangrante en su brazo. Y así, como si nada, robó sus pertenencias: dos teléfonos móviles.
Una rápida intervención policial
Los agentes de la Policía Nacional recibieron el aviso tras reportarse una pelea y no tardaron en acudir al lugar. Al llegar, encontraron a la víctima con su herida visible y escucharon su relato aterrador sobre cómo había sido atacado mientras soñaba. Con detalles claros sobre el agresor, los policías comenzaron una búsqueda exhaustiva por los alrededores.
Poco después lograron localizar a un individuo que coincidía con las descripciones dadas por la víctima. Este hombre aún llevaba restos del vidrio en sus manos como si fuera un testigo mudo de su propia locura. Al realizarle un cacheo de seguridad y comprobar su identidad, los agentes descubrieron en su bolsillo no solo uno sino **dos teléfonos** robados: uno perteneciente a la víctima y otro a un amigo suyo.
Finalmente, este hombre sudamericano fue detenido por robo con violencia. Una historia más que nos recuerda que incluso bajo el cielo estrellado hay quienes deciden tirar por el camino equivocado.

