En un rincón de Mallorca, más de 300 voces se alzaron este fin de semana en Manacor. La preocupación por el futuro del entorno llevó a vecinos y animalistas a hacer una cadena humana que desbordó las calles. La razón: un proyecto que promete instalar una macrogranja con 80.000 gallinas en Son Brau. ¿De verdad necesitamos eso?
Una lucha por el territorio
La comunidad no se queda callada ante lo que consideran una amenaza para su forma de vida y el bienestar animal. “No podemos permitir que nuestras tierras se conviertan en un monocultivo turístico”, decía uno de los organizadores mientras sostenía una pancarta que clamaba por el respeto al medio ambiente. Y así, con cada grito y cada paso, la multitud dejó claro que su voz resonaría más allá de aquel día.
A medida que avanzaban, muchos comentaban sobre cómo este tipo de proyectos solo busca llenarse los bolsillos, tirando a la basura la esencia del lugar donde viven. “Esto no es solo una batalla contra las gallinas; es una lucha por nuestra identidad”, afirmaba otro asistente, visiblemente emocionado.
Así fue como Manacor demostró que cuando la comunidad se une, puede dar un golpe fuerte a quienes intentan jugar con su futuro sin pensar en las consecuencias. Y esta historia aún no ha terminado; el eco de sus voces sigue retumbando.

