El pasado domingo, la tragedia volvió a golpear a la Franja de Gaza. En un contexto donde se supone que debería reinar la paz, al menos dos vidas se apagaron por los ataques de las fuerzas israelíes. Wajdan Kamal Sharab, una joven madre de 28 años, fue asesinada en plena calle Al Sika de Jan Yunis. Las balas no discriminan y, como si fuera poco, varios heridos se sumaron a esta lista que parece interminable.
Pero eso no es todo. Un menor identificado como Misk Hazem Mahmud al Dalu perdió su vida cuando los disparos israelíes impactaron en un campamento de refugiados en Al Maghazi. La realidad cruda es que la violencia sigue desbordando lo que debería ser un remanso de paz para quienes han perdido tanto. El dolor de estas familias resuena con fuerza; ¿hasta cuándo seguiremos mirando hacia otro lado?
Números que duelen
Este domingo no solo nos dejó dos muertes más; también hay un trasfondo desgarrador detrás de cada cifra: desde el 11 de octubre del año pasado, ya son 1.517 personas las que han fallecido, y más de 5.400 heridas solo en Gaza debido a los ataques israelíes. Y si echamos la vista atrás hasta el inicio de la última escalada el 7 de octubre, los números son aún más aterradores: 74.475 muertos y 175.517 heridos.
No podemos seguir ignorando estas historias humanas tras los fríos datos estadísticos. Cada vida cuenta y cada muerte deja un vacío imposible de llenar.

