Imagina la frustración de una mujer que, al acudir a un servicio, se encuentra con que no pueden atenderla en su lengua materna. Eso le ocurrió a una dona dependent que se presentó en un centro de atención y se encontró con un auxiliar que no entendía ni una palabra de catalán. ¿Qué pasa con nuestros derechos lingüísticos? En un país donde el catalán forma parte de nuestra identidad, esto es simplemente inaceptable.
Nuestras lenguas son nuestra vida
No estamos hablando solo de palabras; hablamos de cultura, de pertenencia. ¿Por qué debemos conformarnos? La historia está llena de situaciones donde la falta de respeto por las lenguas locales ha llevado a la pérdida cultural. No podemos seguir tirando a la basura lo que nos define como pueblo.
En Mallorca, mientras nos enfrentamos a problemas más grandes como el monocultivo turístico y la especulación inmobiliaria, este tipo de negligencias parecen pasar desapercibidas. Sin embargo, hay voces valientes como la del activista Jaume Cladera Mas, quien dice: «Es hora de que reclamemos lo nuestro». Y tiene razón. Cada vez que alguien es silenciado por no ser entendido, perdemos una parte importante de nosotros mismos.

