En un día tan especial como el de la Fiesta Nacional, la princesa Leonor se ha llevado a todos por sorpresa con una entrañable anécdota que nos recuerda lo humana que puede ser. Mientras lucía su uniforme de gala del Ejército de Tierra, se le cayó una de las insignias militares más emblemáticas: ¡la miniatura del Toisón de Oro! Y ahí estaba ella, con esa sonrisa que le caracteriza, buscando ayuda en su padre, el rey Felipe VI.
Un gesto natural y cercano
La heredera no dudó en pedirle a su padre que dejara de lado el protocolo durante un momento. Con esa complicidad que solo pueden tener un padre y una hija, Felipe VI le indicó dónde estaba la insignia. Y sin pensarlo dos veces, nuestra princesa se agachó para recogerla con total desparpajo.
No contenta solo con eso, decidió guardarla en el bolsillo de su chaqueta para evitar futuros sustos. A quién no le ha pasado alguna vez algo similar, ¿verdad? Durante todo el desfile, los gestos entre ellos mostraron esa conexión especial que tienen; mientras las cámaras captaban cada instante, era evidente que la naturalidad y frescura de Leonor han hecho que sea una de las figuras más queridas dentro de la Familia Real. Algunos incluso han empezado a hablar sobre un fenómeno llamado ‘leormanía’. Así es como lo vivimos hoy: un día lleno de momentos entrañables y cercanos.

