Septiembre ha sido un mes particularmente seco en las Baleares, y Eivissa no ha sido la excepción. Con apenas 10 litros de lluvia registrados, la situación plantea serias preocupaciones para los residentes y el medio ambiente. La falta de agua está empezando a afectar tanto al campo como a nuestras queridas playas, que son el corazón del turismo aquí.
Más allá del asfalto
Mientras vemos cómo se construyen más edificios y se amplían los amarraderos en lugares como Can Picafort, muchos se preguntan: ¿qué estamos haciendo con nuestra costa? Esta nueva ocupación del litoral no solo es una pérdida para la belleza natural que nos rodea, sino que también pone en peligro la biodiversidad local. Desde diferentes sectores se alzan voces críticas que denuncian esta masificación y el avance del monocultivo turístico, donde parece que solo importa llenar las arcas a cualquier precio.
Además, las decisiones políticas siguen levantando ampollas. La presión social ha logrado frenar un parque fotovoltaico de 21 hectáreas en Ariany, demostrando que cuando nos unimos por una causa justa podemos marcar la diferencia. El Parlamento también está haciendo ruido sobre las montañas submarinas del Canal de Mallorca, pidiendo su declaración como Parque Nacional Marítimo.
En este contexto tan complejo, resulta crucial reflexionar sobre qué futuro queremos construir para nuestra isla. No todo puede ser cemento; debemos cuidar lo que tenemos antes de tirarlo todo a la basura.

