La historia comienza con la emoción de un grupo de presos que, tras recibir un permiso especial, se embarcaron en una experiencia única: recorrer el Camino de Santiago. Sin embargo, uno de ellos, un caribeño que cumplía condena en la cárcel de Palma, decidió aprovechar la oportunidad para intentar dar esquinazo a sus responsabilidades. Al regresar a casa, justo al lado de la antigua prisión y junto a los vehículos de la comitiva, no pudo resistir más y echó a correr.
Una fuga fallida
Los funcionarios no tardaron en reaccionar; salieron disparados tras él mientras las alarmas sonaban. La carrera fue breve, pero intensa. El hombre tomó dirección hacia el centro por la carretera de Sóller, desatando una situación inesperada. Tras unos momentos agitados y con el apoyo de un coche patrulla que pasaba por allí, finalmente lo interceptaron cerca del antiguo penal.
A pesar del esfuerzo, el convicto ya estaba exhausto y no ofreció resistencia alguna. Así fue como terminó su aventura fugaz y regresó rápidamente a los calabozos de la Jefatura palmesana. El juez ordenó su reingreso inmediato a prisión y le suspendió cualquier beneficio penitenciario que hubiera conseguido hasta ese momento.
Este evento formaba parte del Caminos de Santiago Penitenciario, organizado por la Pastoral Penitenciaria. Un total de 183 internos participaron en esta edición junto a 73 funcionarios y 83 voluntarios. La iniciativa buscaba fomentar valores como la convivencia y la reinserción social entre internos y profesionales penitenciarios. Aunque este intento fugaz le costó caro al preso aventurero, queda claro que algunas oportunidades son difíciles de dejar pasar.

