En el corazón de nuestras calles, un término ha cobrado fuerza: ser cussa. Y es que, lejos de la connotación negativa que a veces se le atribuye, hay algo poderoso en esta palabra que merece ser explorado. Mientras muchos pueden pensar que ser perra o bitch implica lo mismo, la realidad es bien distinta.
Un viaje hacia la identidad
Cuando hablamos de cussas, hablamos de una reivindicación. Ser cussa no es solo un término; es un grito de independencia y fuerza ante estereotipos impuestos. Nos encontramos en un momento donde las etiquetas parecen querer definirnos sin conocer nuestra historia. “No soy tu groupie”, se escucha por ahí, como un eco fuerte que resuena en la lucha cotidiana por encontrar nuestro lugar en este mundo tan cambiante.
Y es que, al mirar hacia atrás, vemos cómo hemos pasado de una Mallorca agrícola a convertirnos casi en un monocultivo turístico. ¿Dónde quedó nuestra esencia? La gente sale a las calles para reclamar vivienda y dignidad, gritamos juntos: “Fora rendistes dels nostres barris”. Es hora de reescribir nuestras historias sin dejar que otros dicten el guion.

