En el corazón del Eixample, un edificio que ha sido testigo de la historia de Palma está a punto de desaparecer. Hablamos del inmueble en la calle Miquel Santandreu 18, una esquina emblemática que pronto quedará en el olvido tras la reciente aprobación del Ayuntamiento bajo la dirección del PP. La denuncia no se ha hecho esperar y desde Més por Palma han alzado la voz para criticar esta decisión que pone en jaque nuestro patrimonio arquitectónico.
Una pérdida dolorosa para todos
Kika Coll, regidora de Més, expresa su preocupación con palabras que resuenan en cada rincón de la ciudad: «Cada vez que desaparece una casa tradicional, Palma pierde una parte de su memoria». Y es cierto, cada ladrillo derribado es una historia que se va y un trozo de identidad que nos arrebatan. Este inmueble no era solo un edificio; era parte de nosotros.
Recordemos que durante la anterior legislatura se había implementado el Plan de Ordenación Detallada (POD), una herramienta destinada a proteger hasta 250 edificios urbanos y 330 elementos etnológicos. Pero ¿qué ha pasado? La falta de interés por parte del PP ha llevado a dejar caer estas protecciones como si fueran simples hojas secas al suelo. Sin ese respaldo, los edificios como el de Miquel Santandreu quedan expuestos a las garras del derribo.
Més no se queda callado ante esta situación alarmante. Reclama urgentemente recuperar el POD para evitar más casos como este: «Era útil para proteger lo valioso», sostiene Coll. Pero mientras tanto, los ejemplos de abandono proliferan: edificios racionalistas y otros símbolos también han sucumbido a esta política urbanística descuidada.
A medida que se acumulan los casos, uno comienza a preguntarse: ¿es esto solo mala suerte o hay algo más detrás? Para Més, es evidente: estamos ante una estrategia que facilita convertir nuestro patrimonio cultural en nuevas operaciones inmobiliarias. Y eso no puede ser aceptable.
El futuro proyecto para el solar donde estaba Miquel Santandreu 18 promete quince nuevas viviendas. Pero surgen dudas legítimas: «¿Para quién serán estas viviendas?» La necesidad habitacional es real, pero eso no justifica borrar nuestra herencia arquitectónica ni asumir que cualquier nuevo desarrollo atenderá las necesidades de los palmesanos.
Kika Coll lo deja claro: «Con el PP al mando, Palma pierde más que edificios; está perdiendo su historia y su esencia». Mientras algunos ven oportunidades económicas, nosotros vemos recuerdos desvaneciéndose entre escombros. Cada demolición representa una pérdida colectiva y aunque algunos lo ignoren, afecta a todos nosotros.

