En un rincón de Greenfield, EEUU, un pequeño bar lésbico llamado Last Ditch Bar and Arts Venue se ha convertido en el epicentro de una tormenta mediática. Desde su apertura en 2026, la dirección del local decidió implementar una norma inusual: todos los clientes debían llevar mascarilla KN-95 o superior. La idea era clara: crear un espacio seguro para aquellos que son inmunodeprimidos o vulnerables al Covid. Pero, como suele pasar, las cosas no salieron como esperaban.
A pesar de sus buenas intenciones, el negocio no estaba teniendo el éxito deseado y decidieron dar un giro a su estrategia. Así fue como anunciaron que solo los sábados por la noche permitirían entrar sin mascarilla. Sin embargo, esto desató un auténtico vendaval de críticas. Muchos miembros de la comunidad expresaron su preocupación sobre cómo esa decisión podría poner en riesgo a personas vulnerables.
Las redes sociales estallan
La controversia llegó tan lejos que el The Boston Globe dedicó unas líneas a este debate candente. Los comentarios no se hicieron esperar; algunos usuarios arremetieron duramente contra el bar: «Espero que le lancen una bomba incendiaria a tu local por privar a mis compañeros inmunodeprimidos de sus planes para el sábado solo para sacar un extra», escribió uno indignado. Y así siguieron los ataques: desde acusaciones de ser «capacitistas» hasta llamamientos directos a reflexionar sobre las consecuencias de sus decisiones.
A pesar de haber intentado mantener la normativa durante más tiempo que otros negocios, tras la avalancha de críticas decidieron disculparse públicamente. En su mensaje reconocieron que «lamentamos el tono pasivo y despectivo con el que abordamos el cambio en las normas» y trataron de justificar su postura diciendo que entendían las diferentes intersecciones sociales involucradas.
No obstante, esa disculpa quedó corta para muchos, quienes señalaron también la falta de accesibilidad en su comunicación. Un usuario comentó: «No es una publicación accesible. Se nota que no os importa la discapacidad».
El drama escaló tanto que incluso la congresista Rosa DeLauro anunció su intención de visitar el local para mostrar apoyo, pero tuvo que cancelar porque nadie quería usar mascarilla. Una situación surrealista y dolorosa para muchos en esta comunidad, donde lo personal y lo social están íntimamente entrelazados.

