En el Gran Premio de Azerbaiyán, las cosas no salieron como Aston Martin había soñado. Con Fernando Alonso a casi tres segundos del mejor tiempo en la Q1, las dudas comenzaron a asomar sobre el equipo. ¿Volverían a caer en viejos errores? La realidad es que en Silverstone, muchos se preguntan si aquel AMR26 que brilló en Hungría y Holanda fue solo un espejismo. Ante los problemas con el motor Honda, parece que la esperanza de liderar la temporada se desvanecía.
La lucha interna por mejorar
Tras el complicado episodio en Bakú, los responsables del proyecto verde intentaron mantener la calma. «Todo esto está funcionando», decía Mike Krack, uno de los pilares del equipo. Sin embargo, su optimismo chocaba con la cruda realidad: aunque habían introducido mejoras significativas, estas parecían haberse diluido ante la evolución de sus rivales como Alpine o Williams. La carrera no perdona y compararse con otros siempre deja un sabor amargo.
Alonso, por su parte, no se queda callado. A pesar de haber recibido bien las mejoras iniciales en Hungría, desde Holanda ha sentido que el coche no le permite puntuar como debería. «Cuando piso el acelerador en la recta… tengo que confiar en Honda», reflexionaba con esa mezcla de determinación y frustración que solo él sabe transmitir. La sombra de los problemas de fiabilidad acechaba cada fin de semana; un panorama nada alentador para quien busca lo mejor.
Aún así, dentro del box hay una voluntad inquebrantable por seguir adelante. El reto es claro: encontrar ese equilibrio entre lo que ellos pueden hacer y lo que realmente están logrando. «Nosotros hacemos nuestro trabajo y ayudamos al equipo a ir más rápido en curvas», insistía Alonso mientras lanza un mensaje claro: necesita más del equipo para evitar cerrar parrillas.
A medida que nos acercamos a Malasia y Singapur, todos esperamos ver si realmente hay luz al final del túnel o si seguiremos viendo cómo este proyecto sigue arrastrando sus sombras.

