El 28 de septiembre, desde Madrid, nos llega una noticia que sacude la política sueca. Magdalena Andersson, líder del Partido Socialdemócrata, ha decidido dar un paso atrás en su intento por formar un nuevo Gobierno. ¿La razón? La falta de apoyos parlamentarios suficientes que le permitan llevar a cabo su plan. Apenas diez días después de recibir el mandato para construir el Ejecutivo tras la victoria electoral de su partido, Andersson ha dejado claro que «en estos momentos no se dan las condiciones» para asumir el cargo de primera ministra.
En sus propias palabras, la política ha mencionado que hay que esperar y ver cómo se desarrollan las cosas en las próximas semanas. Sin embargo, su decisión está marcada por un giro inesperado: el Partido de la Izquierda decidió apoyar al candidato del conservador Partido Moderado para presidir el Parlamento. Esto llevó a Andersson a concluir que formar Gobierno es simplemente «imposible» en esta situación.
Un escenario político incierto
A pesar de haber sido jefa de Gobierno entre 2021 y 2022, ahora se enfrenta a un panorama complicado. Norlen, presidente del Parlamento, le había encargado la tarea el 18 de septiembre después de la renuncia del primer ministro Ulf Kristersson. Con los resultados electorales dejando una mayoría ajustada para los socialdemócratas (176 escaños frente a los 173 del bloque conservador), parecía que tenía una oportunidad. Pero las alianzas políticas son como piezas de dominó: caen una tras otra cuando menos lo esperas.
Andersson concluyó con un mensaje claro: «Es razonable que esta constelación pueda avanzar y buscar acuerdos sobre el próximo Gobierno». De alguna manera, deja abierta la puerta a futuros pactos entre partidos mientras hace hincapié en la necesidad de cambiar el enfoque exploratorio hacia otras formaciones políticas.

