La tarde del jueves se tornó oscura en Consell. El campo de fútbol, un espacio sagrado para niños y jóvenes, fue víctima de unos actos vandálicos que han dejado huella. Las imágenes que han circulado en redes sociales son verdaderamente impactantes: sillas y mesas destrozadas, esparcidas como si alguien hubiera decidido tirar a la basura lo que tanto esfuerzo ha costado construir.
La rabia y el dolor de una comunidad
Las instalaciones, que siempre han sido un punto de encuentro y diversión para los deportistas del pueblo, ahora muestran cicatrices visibles. El mobiliario quedó completamente arruinado, y esto no es solo una cuestión material; es un ataque directo a la esencia misma de nuestra comunidad. Desde el Ayuntamiento, el malestar es palpable. No se puede entender cómo unas instalaciones pensadas para todos puedan ser objeto de este tipo de agresiones.
La Policía Local ya está en marcha, trabajando codo a codo para identificar a los responsables de esta barbarie. La intención es clara: exigirles que asuman las consecuencias y se hagan cargo del daño causado. Pero aquí no acaba la historia; también se lanza un mensaje claro a la ciudadanía: necesitamos su ayuda para desenmascarar a quienes han hecho esto.
A medida que avanza la investigación, queda claro que estos actos no solo afectan al recinto deportivo, sino al corazón mismo de nuestra comunidad. Por eso, hacemos un llamado a todos: cuidemos nuestros espacios, porque son parte de nosotros. Y aunque este episodio nos duele profundamente, estamos decididos a levantar la cabeza y seguir adelante.

