En el pleno del Ajuntament de Palma, un clamor se alzó entre la multitud. Àngela Pons, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), tomó la palabra con una frase que resonó en los corazones de muchos: «Todos somos Maricarmen». Junto a ella, Pilar, una vecina que ha tenido que abandonar su hogar para vivir en un coche tras ser desahuciada por un fondo buitre, compartió su dolor y angustia.
No estaba sola; también estaban aquellos que han encontrado refugio en los solares de Son Bordoy, obligados a dejar sus viviendas por el desarrollo inmobiliario impulsado por Pryconsa. Cada historia es un eco del sufrimiento y la desesperación que sienten miles en Mallorca.
Una realidad desgarradora
Pons no dudó en señalar que el triste destino de Maricarmen, una anciana desahuciada a sus 87 años en Madrid, no es algo aislado. «Aquí también hay muchas personas mayores sufriendo», explicó con firmeza. La mayoría no son morosos; simplemente se ven empujados a dejar sus casas porque el propietario prefiere obtener más dinero alquilando por habitaciones. «Es como si tuvieran carta blanca para hacer lo que quieran», lamentó Pons.
Pilar relató su experiencia desgarradora: recibió solo 24 horas de aviso para abandonar su vivienda después de que un fondo buitre comprara su casa. Antes le ofrecieron sumas ridículas para marcharse; al final, se vio obligada a dejarlo todo sin ninguna alternativa viable el pasado 2 de junio. Con problemas de salud graves y viviendo temporalmente en un hostal pagado por el Ajuntament, ahora enfrenta la dura realidad del verano sin recursos económicos suficientes.
«He trabajado toda mi vida en hostelería y tengo derecho a una vivienda digna», decía entre lágrimas. Aunque ha sido votante del PP, se siente traicionada y desamparada ante la indiferencia administrativa que le sugirió marcharse a otro lugar porque aquí ya no tiene cabida. ¿Por qué debe abandonar la Isla donde ha vivido desde 1987?
Desde la PAH advierten sobre una situación alarmante: más de 15.000 personas esperan una solución habitacional a través del Ibavi, mientras Pilar acumula 11 puntos pero aún así no logra acceder a una vivienda pública.
A medida que estas historias emergen entre gritos de protesta contra los fondos buitres y las políticas ineficaces, nos enfrentamos al desafío colectivo: exigir viviendas dignas como marca nuestra Constitución y luchar contra esta injusticia social que afecta a tantos.

