Imagina un mundo donde la muerte no solo acecha a los seres vivos, sino también a los objetos que usamos día a día. Esto es lo que plantea la sorprendente campaña de Forbrukerrådet, el Consejo de Consumidores Noruego, contra la maldita obsolescencia programada. En este original relato, la Muerte se convierte en cómplice de un empresario cuyo único objetivo es que nuestros productos se rompan y nos obliguen a comprar más.
Una colaboración inquietante
La historia comienza con una mujer vestida de negro, representando a la Muerte tal como la conocemos: imponente y solitaria. “Todo muere a mi alrededor”, dice con voz profunda mientras su guadaña corta las vidas de varios objetos. Pero, como suele pasar en esta vida, encuentra compañía en un fabricante muy astuto. Él le confiesa sin rodeos: “Antes los productos duraban para siempre. El problema es que así solo ganamos dinero una vez”. Aquí ya sentimos cómo nos tiran por tierra esos ideales de calidad y durabilidad.
Este empresario explica su estrategia sin tapujos: “Lo más sencillo para asegurarse de que un producto tenga una vida corta es utilizar materiales baratos y hacer que no se puedan reparar”. O sea, si algo se rompe… ¡adiós! Tendremos que volver a gastar nuestro dinero en otro artículo nuevo. Y ni hablar del mundo digital; el fabricante revela cómo puede «matar» un producto simplemente dejando de enviar actualizaciones.
Es realmente perturbador escuchar cómo se expresan sobre su alianza: “Muerte y yo somos un gran equipo”, dice él con orgullo. Pero claro, todo tiene su fin: “Nada es para siempre”, apunta mientras da calabazas a su socia inusual.
Así, esta campaña nos invita a reflexionar sobre nuestra realidad consumista y lo fácil que resulta caer en la trampa del monocultivo turístico. Nos hace cuestionar si queremos seguir siendo parte de este ciclo vicioso donde nada dura, o si finalmente vamos a dar un paso adelante hacia un consumo más consciente.

