Una niña observa con tristeza el escenario de lo que ocurrió esta madrugada en Bunyola. La cruz, ese emblemático símbolo del pueblo, ha sufrido daños tras un incidente inesperado durante las fiestas patronales de Sant Mateu. Un joven, al parecer animado por la celebración, intentó subirse a ella y la dañó. Esto ha llevado al Consell de Mallorca a actuar rápidamente enviando a un inspector para evaluar su estado.
Un patrimonio que nos duele
Este monumento no es solo una cruz; es un Bien de Interés Cultural (BIC), protegido y querido por todos los vecinos. Ahora, las autoridades han solicitado al Ajuntament de Bunyola un informe sobre lo sucedido, mientras se preparan para aclarar las responsabilidades que puedan surgir de este desafortunado evento. La situación es delicada: el monumento permanece precintado y aún quedan restos que evidencian la herida sufrida por el joven.
Marian Serralta, la alcaldesa del pueblo, se ha puesto en contacto con Antonia Roca, vicepresidenta del Consell y consejera de Cultura y Patrimonio. Juntos quieren asegurar la pronta reparación de la cruz y recuperar esa parte tan significativa del municipio. En el ambiente se respira preocupación; los vecinos comentan entre ellos el impacto visual de la sangre en las cercanías del monumento y expresan su asombro por ver la parte superior destrozada.
En días como estos, donde todos los caminos parecen llevar hacia la plaza principal en honor a Sant Mateu, resulta inevitable hablar sobre lo ocurrido. La imagen de esta cruz rota no solo marca el paisaje físico del pueblo; también hiere nuestro sentido colectivo de identidad cultural.

