Este fin de semana, el Gran Premio de Azerbaiyán se convierte en un auténtico campo de pruebas para Honda. Y no es que lo digamos nosotros, es que la propia marca japonesa reconoce que el circuito urbano de Bakú es uno de los más exigentes del calendario. Shintaro Orihara, el ingeniero jefe de Honda, no se muerde la lengua y admite que aquí hay tramos donde los motores van a tener que dar lo mejor de sí mismos.
El desafío de un trazado complicado
Pensad en ese largo sector donde los monoplazas aceleran a fondo por 2,2 kilómetros; desde la curva 16 hasta la frenada en la curva 1. Ahí es donde los motores tienen que rendir al máximo y donde las carencias pueden salir a relucir. Fernando Alonso ya lo advirtió tras la clasificación en Madring: “Nos falta velocidad”, y eso es una preocupación palpable.
A pesar de estas dificultades, Honda intenta mantener el optimismo tras haber mostrado algunos avances en Monza. Sin embargo, estos cambios son aún insuficientes si consideramos las limitaciones evidentes del motor AMR26. Bakú también presentará otro reto crucial: la manejabilidad del coche. En las partes más angostas del circuito, cualquier error puede ser fatal.
Aun así, Honda asegura que están en un camino positivo y creen firmemente en seguir mejorando su rendimiento. “Si logramos gestionar bien la energía y ajustar nuestro motor como lo hicimos antes, podríamos ver resultados alentadores”, señalan desde el equipo japonés. Así que nos encontramos ante un Gran Premio lleno de incógnitas y expectativas. ¿Logrará Honda adaptarse a esta exigente pista? Solo el tiempo lo dirá.

