Este domingo, la isla de Eivissa va a vivir una jornada clave. Con un grito de unión y resistencia, miles de personas están listas para salir a las calles y dejar claro su rechazo a la ampliación del aeropuerto. Y es que este proyecto no solo implica más aviones en el cielo, sino que amenaza con arrasar zonas protegidas como ses Salines.
La voz de la comunidad
La indignación entre los habitantes es palpable. MÉS, el partido que ha alzado la voz en defensa del medio ambiente, se opone firmemente a los 50 millones de pasajeros que se prevén con esta nueva infraestructura. “No podemos permitir que nuestra isla se convierta en un monocultivo turístico”, aseguran desde el colectivo. Las consecuencias serían devastadoras: más aglomeraciones, menos calidad de vida y un ecosistema frágil tirado por la borda.
Y mientras esto sucede, nos encontramos con sanciones “absurdas” para los hoteles de las Pitiüses que han tenido que despedir a trabajadores tras la temporada alta. Es increíble cómo las decisiones políticas parecen alejarse cada vez más de las necesidades reales de nuestra gente.
Así que este fin de semana, Eivissa no solo saldrá a protestar; saldrá a defender su esencia, su naturaleza y su futuro. Porque al final, todos sabemos lo que está en juego: nuestra isla merece ser preservada, no devorada por intereses económicos desmedidos.

