Desde que César Palacios llegó a Ipurua en 2021, ha sido como un bombero constante, siempre enfrentándose a las llamas del fútbol. Con una trayectoria donde solo los gigantes como el Barcelona o el Real Madrid han superado al Eibar en puntos, su trabajo ha sido nada menos que titánico. A pesar de los obstáculos económicos y de estar tan cerca del ascenso directo durante tres años consecutivos, Palacios ha sabido darle la vuelta a la situación.
El sentimiento por el Eibar
Palacios se siente profundamente conectado con los valores del club. «Siento desde el principio ese grado de sentimiento y de implicación por el proyecto», nos dice con sinceridad. Y es que, aunque su vida esté repleta de sacrificios y presión constante, lo que le mueve es la ilusión por hacer crecer al equipo. «No puedo desconectar», confiesa con un suspiro; para él, vivir el fútbol es vivir cada día al máximo.
A medida que avanza la temporada, la carga emocional crece. «Es algo desgastante porque piensas en fútbol las 24 horas», comparte Palacios. La comparación con ser un bombero no es casualidad; siempre está resolviendo problemas imprevistos y tomando decisiones cruciales casi sin tiempo para celebrar los éxitos.
Aunque reconoce la complejidad del mercado actual y cómo ha cambiado desde sus inicios en Numancia, mantiene firme su compromiso: buscar jugadores libres y ajustar presupuestos sin sacrificar la esencia del club. El nombre del Eibar tiene fuerza, asegura con orgullo.
Y así va construyendo su equipo, mientras lidia con las adversidades y busca nuevas oportunidades incluso cuando otros se toman un respiro. Con esa visión clara de querer formar un grupo humano fuerte, queda claro que César Palacios no solo se trata de resultados; es también una historia de pasión y pertenencia hacia un club que siente como propio.

